Pieter Brueghel llamado el Viejo, cerca de Breda , h.
1525 - Bruselas, 5 o 9 de septiembre de 1569) fue un pintor y grabador
brabanzón. Fundador de una verdadera dinastía de pintores, es
considerado uno de los grandes maestros del siglo XVI, y el más
importante pintor holandés de ese siglo. Con Jan Van Eyck, Jerónimo
Bosco y Pedro Pablo Rubens, está considerado como una de las cuatro
grandes figuras de la pintura flamenca.
Pieter Brueghel el Viejo
El triunfo de la Muerte de 1562.
La obra del Bosco influyó grandemente
en la de Pieter Brueghel el Viejo, quien ejecutó varios cuadros de
estilo similar, como por ejemplo el El triunfo de la Muerte de 1562.
El Triunfo de la Muerte
"Es el mundo el lugar del delito y de la transgresión, de la permanencia
y de la peregrinación, de trabajos, de fatigas, dolores y llantos,
movimiento y cambios, flujos y alteraciones, tránsito y aniquilación,
novedad y agitación, violencia y opresión, engaño y corrupción. En el
mundo nada se encuentra que no sea vanidad, malignidad, deseo, ansiedad,
deformidad y vejez. El mundo atrae para sí y considera a los famosos;
abandona y desprecia al desconocido. El mundo es obstáculo para muchos;
para pocos, un estímulo; promete mucho, pocas cosas cancela y así, en
fin, defrauda y frustra a sus amadores."
Gerardo Groote
Palabras como las de Gerardo Groote con una visión tan pesimista del
mundo y la condición humana es habitual encontrarlas en los textos de
escritores de la Europa del norte que vivieron entre los siglos XIV y
XV. Época de grandes transformaciones que padeció la guerra de los 100
años junto a incursiones de los turcos. Las vidas de hombres y mujeres
estaban continuamente amenazadas por la violencia y la muerte. La peste
negra causó estragos, a la que se sumaban las guerras y disturbios
civiles habituales provocando la descomposición social teniendo como
resultado una epidemia de robo, pillaje y desorden generalizado. Todo
esto propició la creencia popular de que aquello era un castigo divino y
que era inminente la llegad del fin del mundo, algo a lo que artistas y
poetas no fueron ajenos como podemos leer en los siguientes versos del
francés Deschamps:
"Ahora el mundo es cobarde, podrido y débil,
viejo, codicioso, confuso del habla;
veo sólo hombres y mujeres tontos...
En verdad, se acerca el fin...
Todo va mal."
En este contexto histórico se crearon obras como El
Carro de Heno de Hieronymus Bosch y El triunfo de la Muerte de Bruegel
el Viejo. La primera representa el espectáculo de hombres y mujeres
lanzándose de forma codiciosa al asalto de los bienes materiales,
símbolizados en esta obra por la enorme carga de heno que transporta el
carro. Gentes de todas las clases sociales se atropellan y hasta se
matan por tomar todo lo que puedan de la carga, en una alegoría sobre la
locura de una humanidad cegada por la ambición y rapiña desmedida.
Para Enrico Castelli, en El triunfo de la Muerte de Bruegel se revive la
obra de Bosch, pudiendo encontrar en ella la terrible consecuencia por
haber dado la espalda a Dios e ignorado los bienes espirituales. En el
siguiente texto podemos leer su personal interpretación en un analisis
entrecruzado de estas dos obras maestras de la pintura flamenca.
Bruegel el Viejo, El Triunfo de la
Muerte (detalle)
Es inútil el oro.
Los soberanos son arrollados también. En lo
alto, la visión maravillosa y tétrica de un mundo en llamas. Invasión de
esqueletos. Son los mismos seres que murieron disputando el heno: ellos
los muertos, que decretarán sentencia contra los vivos. Un hombre
arrodillado va a recibir el golpe de la espada que sobre él levanta un
esqueleto gigante. Otro, que había buscado refugio entre las rocas, cae
ahora al precipicio, estrangulado por un esqueleto que, cual crustáceo,
se le adhiere a la garganta. La venganza de la muerte conoce atajos aún
más escondidos, atajos que van a dar al escondrijo de los vivos. No es
posible la fuga.
Una pequeña criatura ha intentado escapar del ataúd en
que yace su madre. Intento inútil: en el momento de ir a trepar la caja
el pequeño ser fue fulminado, antes de tocar siquiera la vida. ¿Descuenta
las culpas de su madre? Una vela encendida aún; la última. Testimonio de
que no sirven las velas cuando el mundo está iluminado por las llamas
del heno de la vida que se transforma en el heno de la muerte. Por la
videz de conquistarlo, los hombres no vacilan en prenderle fuego. Las
hojas cerradas del gran tríptico El carro de Heno comentan las palabras
del Profeta: "Enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios" (Is. 40,
3). El rostro angustiado del peregrino que camina hacia lo ignoto,
oculta a nuestros ojos la escena de una lucha despiadada, y se impone.
Hay, en ese rostro, una nostalgia no por el mundo que deja, sino por
aquel no alcanzado todavía. La conclusión de la filosofía de Bosch y de
Bruegel parece concentrarse en la dramática nostalgia de un estado de
inocencia que la caída hizo perder; el Satanismo ha contribuído a borrar
el recuerdo y sólo "la locura" nos lo deja entrever.
(...) En el Triunfo de la Muerte se revive el tema del Carro de Heno. Al
impulso de los esqueletos, una humanidad atolondrada se desplaza hacia
la trampa gigantesca, hacia una celada que no cuida de celarse. La
realidad es esquelética. Los fugitivos vienen a caer en una gran red
tendida por los muertos.
En el Triunfo de la Muerte se solaza a los pies de una mesa sobre la que
se divisan algunos mendrugos y un cáliz dado vuelta (imagen derecha);
los comensales son arrancados de la mesa por ordas de esqueletos. No se
lo soñaban, a juzgar por la sorpresa de sus rostros. No es el monstruo
verde de Bosch que acompaña con el pífano la música de los amantes; aquí
un esqueleto toca la viola. Los amantes no lo ven.
El armiño y la púrpura han sido abatidos. Hacia el fondo, unas horcas
tenebrosas limitan la escena y una campana colgada a un tronco toca
pesadamente.
Acaso sea esta la más impresionante visión del futuro que haya creado la
imaginación de un artista.